El derecho de los Robots

Los robots y los sistemas de inteligencia artificial (AI) llevan cierto tiempo entre nosotros, convirtiéndose en tecnologías transformadoras de nuestras vidas, tal como sucedió con Internet en su momento.

En breve daremos paso al transhumanismo (H+) con los Cyborg, utilizando las integraciones cerebro y maquinas —los Brain-machine interfaces (BMIs) o Brian-computer interfaces (BCIs)— y, más en general, sobre la interacción persona-ordenador —la Human-computer interaction (HCI)— llegaremos a lo que se denomina el posthumanismo.

Hemos sacado a los robots de las cadenas de montaje para integrándolos en nuestra sociedad y esperamos verlos desempeñando todo tipo de tareas, desde circular por las carreteras tal como está ocurriendo con los vehículos autónomos o semi autónomos, en los hogares conectados e inteligentes donde están reemplazando a los electrodomésticos analógicos por otros con asistentes conectados a la red y dotados de Inteligencia Artificial (AI), en la asistencia sanitaria, entretenimiento, en la producción industrial o la simple recopilación de información.

Así son las cosas, hemos integrado a los robots y los sistemas de Inteligencia Artificial (AI) en espacios públicos y privados. Aunque debemos tener en cuenta de que todos estos sistemas presentan cierto grado de autonomía en su funcionamiento, o por expresarlo de alguna manera de “impredecibilidad”, lo que abre una nueva etapa en la interacción entre los seres humanos y la tecnología.

Una situación que plantea algunas cuestiones como la responsabilidad por el comportamiento de estos, dado que se dan casos que el robot opera remotamente, controlado y monitorizado o puede actuar incluso si su operario no está disponible para guiarlo. Del mismo modo hay máquinas que pueden funcionar de forma autónoma y aun más cuando la inteligencia artificial que controla el robot es capaz de aprender de su entorno y de su experiencia.

Es una tendencia, la proliferación de máquinas que funcionan cada vez con menos dirección del ser humano en tiempo real, lo cual crea cuestiones morales y jurídicas nuevas y de difícil solución.

Determinar qué sujetos son responsables de las acciones de dichas máquinas, no es simple. Entre los candidatos podemos incluir al fabricante, al propietario, al programador, al transeúnte que accidentalmente modeló el comportamiento del robot, e incluso a la propia víctima que no pudo haber tenido el debido cuidado o no haber entendido las advertencias incluidas en el diseño del robot.

Hay situaciones como las de los vehículos autónomos en que es más eficiente atribuir la responsabilidad jurídica al fabricante, aunque no sea moralmente culpable. Pudiendo el propietario o ocupante del vehículo autónomo haber realizado un uso incorrecto del mismo.

Nos estamos encontrando con situaciones difíciles para las que aún no tenemos respuestas claras que debemos evaluar en un presente con valor de futuro.

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